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Raúl Costilla: “Lo bueno que tienen los videojuegos es que no entienden de edades”

Es el actual Director General adjunto Comercial de MAPFRE España y uno de los principales impulsores de la entrada de MAPFRE en el mundo de los esports, pero, además, es una auténtica muestra de nuestro #ADNGamer.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos en el mundo de los videojuegos?

Mi primer recuerdo es de cuanto tenía unos 9 años, con aquellas maquinitas que había con pantalla LCD, con un único juego… Creo recordar un viaje a Francia con mis primos y con esa primera consola, muy básica, pero que en aquel momento era todo un avance.

¿Qué fue lo que te atrajo de eso? ¿Sentiste algo especial?

Lo que me atrajo es que era una forma diferente de poder divertirse. En aquella época, nuestra diversión solía estar en la calle. En televisión había dos canales y de repente surgió una forma diferente de poder pasar el rato, de entretenerte y de ir superando retos que saciaban esa competitividad que  todos tenemos.

¿Y de ese pequeño dispositivo has pasado a las consolas?

Recuerdo jugar con el Spectrum, que era de cinta, en casa de algún amigo. Ahí ya podías competir con otra persona, y pasamos de esas pequeñas consolas para jugar uno solo, al Spectrum y al Atari. Me acuerdo de pasar muchas tardes, cuando llovía o algo así, y solíamos quedar en la casa de alguno de los amigos para competir con él, todo muy básico, con aquellas pantallas prácticamente monocromáticas, con figuras completamente pixeladas, pero que al final eran un entretenimiento. Ese fue el siguiente recuerdo.

Luego, a partir de ahí, pasé a juegos de PC, como el Príncipe de Persia o los simuladores, todo muy elemental, pero que poquito a poco iban mejorando y teniendo más realismo, dentro de lo que había en aquel momento.

¿Hay algún juego que recuerdes con especial cariño?

Jugué muchas horas al Príncipe de Persia, que era un continuo ejercicio de memoria, de habilidad y de agilidad para ir superando niveles. Con frecuencia era un volver a empezar cuando ya estabas cerca del siguiente nivel…

Y también me acuerdo de un simulador de motos de PC, era una especia de Moto GP. Como me gusta mucho el mundo del motor, fue el primero en el que empecé a jugar. La verdad es que era un concepto de simulador que no era tal, porque se manejaba con el joystick o con los cursores, no tenías muchas más alternativas…  Pero ya era un primer paso.

 

Como adulto, ¿has comprado alguna consola?

Con la excusa de mis hijas, he ido comprando alguna consola. Por ejemplo, a la Wii jugamos muchísimo y, además, creo que es la primera vez que hay ya una buena dosis de realismo al interactuar tus movimientos con los personajes de la pantalla.

Cuando volví a España, decidí comprar no recuerdo si una PS2 o la PS3, unos cuantos simuladores, como el Gran turismo, el Fórmula 1, un volante y unos pedales. Así, esas tardes frías y lluviosas del fin de semana hice unos cuantos kilómetros al volante…

Luego ya pasé a la PS4 y ahora voy muy a remolque de mis hijas… Y como a ellas les gusta y a mí también, pues lo último que tenemos es la Nintendo Switch, que es nuestra compañera de viaje ahora mismo. En la Nintendo acabamos jugando al Mario Kart, y ya no les gano tampoco.

También hemos entrado en el entorno de la tablet, con el Fornite, que creo está en todas las casas, y que ya lo he visto en todos los formatos posibles. Ahí, no tengo nada que hacer, tiré la toalla al ver mi nivel de incompetencia comparado con ellas.

¿Qué aspectos positivos le ves a los videojuegos dentro del entorno familiar?

Nuestra infancia fue mucho en la calle, con un balón, con una bicicleta, pero los tiempos han cambiado, las calles no son lo que eran, los protagonistas son los coches, no los niños. Todo ha ido cambiando y evolucionando y también algunas de las formas de divertirse.

Lo bueno que tienen los videojuegos es que no entienden de edades, es decir, yo puedo pasar un rato jugando con mis hijas que ahora tienen 11 y 13 años, cosa que a lo mejor a otros juegos sería mucho más complicado. Los videojuegos se pueden adaptar a las diferentes edades que hay en una familia y puedes dedicar un rato a estar jugando con tus hijas porque no eres un extraño en ese mundo.

Divertirte, competir con ellas… Para ellas es un gran reto ganar a su padre, que ya lo han conseguido. Es una dinámica buena, que de otra forma sería más complicada con otro tipo de pasatiempos o de deportes en los que la diferencia de edad siempre marca una distancia en cuanto a las capacidades, a favor o en contra.

En los juegos actuales ya te das cuenta de que partes en desventaja porque hace falta mucho conocimiento, habilidades, destrezas, para manejar demasiados dedos a la vez, pero aun así posibilita el pasar tiempo con tus hijas igualando capacidades y disfrutando todos por igual.

¿Qué valores se pueden extrapolar a la vida profesional o a la vida cotidiana?

Yo creo que más que formar valores, los videojuegos contribuyen a ello. Los valores se forjan de muchas maneras y en muchos ámbitos y creo que los juegos, en general, pueden contribuir a algunos de ellos. Hoy en día, jugar con otros amigos y compañeros en red permite fomentan valores de juego en equipo, también ayuda a que la gente sea capaz de asumir la derrota como parte del proceso de aprendizaje y de una forma no traumática (ya que a veces en la vida cuando las cosas no salen bien es un aprendizaje duro), la perseverancia (ya que a día de hoy, los juegos tienen un nivel de exigencia mayor al que había antes), requieren memoria, habilidades, y todo eso puede contribuir a forjar una serie de valores y comportamientos, además de reforzar ciertas capacidades.

J.M. Inchausti, Eva Piero y Raúl Costilla charlando en un evento de esports

¿Qué es lo más positivo de que MAPFRE esté en el mundo gamer?

Nos está ayudando mucho a comprender una realidad: cómo se entretienen, cómo se divierten, cómo interaccionan las actuales generaciones, que pueden ser nuestros hijos, muy basadas en la tecnología, y que es una realidad que está ahí, no es ni mejor ni peor, sino diferente.

Yo creo que nos está ayudando mucho a entender y a ser capaces de ver que como compañía tenemos que dar soluciones a las nuevas formas de consumo, a los nuevos hábitos de vida, y a las nuevas necesidades. E indirectamente nos está ayudando también a acercarnos a nuestros propios hijos.

Ahora es más frecuente dar con compañeros a los que sus hijos les hablan de MAPFRE  porque somos parte de su mundo. Antes solía ser al revés, éramos nosotros los que hablábamos a nuestros hijos de MAPFRE, por lo que yo creo que estamos recorriendo un camino interesante y un proceso de aprendizaje que nos enseñará como compañía de seguros a dar las soluciones adecuadas a cada uno de los públicos objetivos o a cada una de las generaciones, porque tenemos que ser capaces de dar soluciones a cualquier tipo de cliente. Y por supuesto, a los más jóvenes, que son nuestro futuro.

13 noviembre, 2019|

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