4 Min de lectura | Ken Levine, creador de la saga Bioshock y diseñador jefe de System Shock 2, ha anunciado un nuevo videojuego que saldrá en 2021 tras varios años en blanco.

Ken Levine es, sin lugar a dudas, uno de los nombres más sonados de la industria del videojuego. El desarrollador de videojuegos se hizo un nombre trabajando para compañías como Looking Glass Studios e Irrational Games con títulos como Thief: The Dark Project, SWAT 4 o incluso System Shock 2, pero cuando realmente saltó a la fama fue con el lanzamiento de la saga Bioshock, coronándola con el espléndido Bioshock Infinite.

Han pasado ya 7 años desde aquel título y el afamado diseñador y guionista no ha vuelto a participar en ningún proyecto. A mediados de 2020, azotados por cientos de malas noticias, el neoyorquino decidió dar algo de luz a tanta oscuridad: estaba trabajando en un proyecto que tenía muy avanzado.

El pasado octubre, pudimos conocer incluso más al respecto: solo quedaban las últimas etapas de producción y que sería del género RPG (Role Play Game), algo que ya se había visto tímidamente en Bioshock pero no se había explotado.

En esta ocasión, Levine trabajará no solo como escritor y director creativo, también como fundador de su nuevo estudio, Ghost Story Games, que recoge la batuta del ya difunto Irrational Games, donde pasó sus últimos años trabajando. Además, gracias a una oferta de trabajo publicada en Take-Two Interactive—dueña de la desarrolladora—, hemos podido saber que se tratará de un juego de ciencia ficción muy inmersivo.

A pesar de no haber fecha oficial, el hecho de que estuviera tan avanzado podría indicar que podría estar para, como muy tarde, finales de 2021, aunque se desconoce para qué plataformas daría el salto.

Bioshock y el próximo título de Ken Levine

Si por algo destaca la última saga de juego de Levine es por una narrativa impactante y novedosa, un gameplay peculiar —aunque a veces, tosco y demasiado repetitivo— , por la creación de universos distópicos con claros tintes políticos y sociales y por una trama que juega a la perfección con los usuarios que se exponen a ella.

En Bioshock no pudimos explorar demasiado la personalidad del protagonista, algo que contrasta bastante con Infinite: precisamente es aquí donde más suele brillar Levine, con caracterizaciones muy trabajadas de unos personajes que evolucionan muy bien conforme se desarrolla la trama.

Lo vimos esencialmente con Elisabeth, la coprotagonista del último título que lanzó: comenzó siendo una mujer dependiente del protagonista y la que le motivaba a realizar la acción y acabó tomando el testigo de la acción y decidiendo su propio destino.

Sobre el lore del título también se espera bastante: hasta ahora, había sabido recoger a la perfección imaginarios de diferentes ideales políticos, sociales y económicos para plasmarlos en las historias, ciudades e idiosicrasia de los personajes del juego. El mejor ejemplo es el nacionalismo destilante de Bioshock Infinite o las ideas de libertad de la filósofa Hannah Arendt de la primera entrega.

El hecho de que se anuncie como un RPG muy inmersivo enlaza a la perfección con esto, puesto que es un género que puede explotar al máximo la libertad y la creación de mundos muy explorables. Y más esperanzador es el hecho de que Levine siempre se haya declarado un fan acérrimo del rol, género que explotó muy bien tanto en Thief como en System Shock.

Hacer del gameplay algo tan atractivo como la narrativa

Y aunque no forma parte de su campo, el director neoyorquino también supo rodearse de los mejores profesionales en todos los campos. Las bandas sonoras de su última trilogía —aunque en el segundo juego no se implicara especialmente— no son excesivamente llamativas, pero sí que casaban con el contexto en el que se enmarcaba el juego.

Aun así, el verdadero reto de Ken Levine para esta obra es que su gameplay esté a la altura de la narrativa, cuya calidad está fuera de toda duda al margen del debate sobre su linealidad y la presentación de estereotipos.

Es cierto que el hecho de que fueran FPS (First Person Shooters) no le dio excesivo margen de trabajo, pero si de algo peca su última trilogía es de una jugabilidad monótona que se acababa haciendo pesada en los tramos finales del juego.

Pero hay motivos para pensar que con esta entrega no será así. Al fin y al cabo, el legado de Ken Levine en la industria es incuestionable: sus títulos ayudaron a demostrar que los videojuegos como medio iban más allá del ocio y que podían ser obras de arte como una escultura o un cuadro, un formato que todavía no se ha explorado del todo y que puede albergar grandísimas historias como las que él mismo ha creado.

Periodista especializado
Colaborador de MAPFRE