4 Min de lectura | Ni competiciones, ni contrarrelojes: Skatebird nos devuelve a la esencia original del Tony Hawk con un gameplay desenfadado y una estética alegre.

Uno de los videojuegos de PlayStation 1 que más nos dejó plantados frente a la televisión fue Tony Hawk, que nos permitía hacer piruetas imposibles montados en un monopatín con el único objetivo de pasarlo bien y mejorar nuestra habilidad mediante trucos que parecían de otro planeta. Esa mecánica, que aunque simple es bastante compleja de implementar a la perfección, es el principal atractivo de Skatebird.

Jugabilidad

Dicho título bebe mucho de la obra maestra anteriormente mencionada, aunque sabe aplicar su propia esencia. Parte de una jugabilidad igual de desenfadada solo que su estética es aún más cartoon. Y lo que es más gracioso: no veremos a seres humanos encima de la tabla, sino que serán pájaros los que manejaremos para intentar acumular puntos a base de acrobacias, equilibrio e imaginación.

Glass Bottom Games parte de una premisa: cuanto más sencillo y peculiar, más atractivo y entretenido. Y lo cierto es que lo consigue: sobre unos escenarios cotidianos y obstáculos como lápices, gomas de borrar o teclas de ordenador, manejamos a un pajarillo con el que poco a poco hemos de ir incrementando la calidad de las piruetas.

Un título apoyado desde abajo en Kickstarter

A finales de 2018, el estudio liderado por la desarrolladora Megan Fox y que ya había lanzado otras entregas como Spartan fist, Hot Tin Roof o Jones of Fire había decidido replicar una estrategia que ya le había salido bien con anterioridad.

Lejos de buscar una ronda de financiación en grandes empresas que quizá no entendieran la naturaleza de su juego, pensó en buscar directamente el apoyo del público. Y lo consiguió rápidamente: en apenas unas semanas, habían superado en 20.000 dólares el objetivo que se habían impuesto.
¿El secreto? Había sido capaz de recuperar la esencia arcade de los primeros Tony Hawk de PS1. No hay cronómetro, no hay misiones, no hay restricciones: montados en nuestro patinete, hemos de recorrer diferentes escenarios en los que conseguir una serie de puntos para avanzar a nuevas zonas. Y para esto, podremos ayudarnos, por supuesto, de nuestras alas, con las que podremos planear para hacer más espectaculares nuestros trucos.

Escenario y trama

Y cada escenario tiene sus propios secretos que iremos descubriendo a base de jugar. No será necesario hacer una exploración intensiva, bastará con aprovechar todo lo que haya a nuestro alrededor para ir desbloqueando más rincones en los que brincar, saltar y volar.

Y todo, sobre una narrativa que nos recordará mucho a Toy Story: nos moveremos en función de lo que haga nuestro dueño, que nos llevará allá donde él vaya. En cuanto se descuide, haremos de las nuestras para coger nuestro monopatín y usar todo el mobiliario y material que veamos.

Si la música no termina de convencernos ni inspirarnos, el título nos ofrece la posibilidad de que subamos los archivos MP3 que estimemos oportunos de forma que podamos sentirnos el rey del skate al son de nuestras melodías favoritas. Y si te lo estás preguntando: sí, en principio habrá más de un pájaro disponible para que seleccionemos el que más nos atraiga. Posiblemente sean solo en forma de skin, por lo que no alterarán un ápice de la jugabilidad.

Skatebird, un juego con mucho margen de mejora

Pensado en un principio para lanzarse en 2020, los problemas derivados de la organización tras el coronavirus han obligado a Glass Bottom Games a buscar una fecha más realista para poder pulir el juego al máximo. Porque a pesar de que sus primeras versiones tenían mucho potencial, el margen de mejora todavía era demasiado evidente.

Uno de los problemas a los que se enfrenta el estudio es la mejora de los movimientos de sus personajes. A pesar de que se lanzará para Nintendo Switch, PC, Xbox One y PlayStation 4 (con una posible actualización a las consolas de nueva generación), la forma de moverse del pájaro en el patín parecía algo brusca, como si se tratara del título al que querían parecerse.

Los escenarios, que por su creatividad es un motivo de celebración, podrían tener mucho más juego: se presentan en lugares domésticos pero la disposición de elementos con los que interactuar parece demasiado impostada, algo antinatural y que también puede corregirse para mejorar sus prestaciones.

Por todo lo demás, Skatebird puede ofrecernos momentos muy agradables y desenfadados. Las posibilidades de ofrecer un multijugador, un progreso de trucos y maniobras además de personalizar al máximo nuestro avatar nos ofrece la esperanza de que la espera merecerá la pena.

Periodista especializado
Colaborador de MAPFRE