3 Min de lectura | Diablo II: Resurrected ofrece una experiencia magnífica a mitad de camino entre el original y una completamente nueva que te hará revivir dulces recuerdos.

Verano de 2000: tazos de Pokémon, mañanas de Dragon Ball, tardes de piscina y por la noche, a trasnochar jugando a Diablo II, que fue la primera incursión en el mundo del RPG para los jóvenes de los 90. La nostalgia de aquellos momentos se vive ahora con más intensidad, y más aún con la llegada de Diablo II: Resurrected, que ha sabido transformar esa herencia del original modificando lo justo para que no parezca algo completamente diferente.

No se tarda demasiado en maravillarse ante el excelente trabajo de Vicarious Visions —que repite el que ya hicieron con los Crash Bandicoot o Tony Hawk’s—, que ha convertido un clásico en una obra brillante en lo visual, con texturas y animaciones que hacen justicia a la joya de comienzos de siglo XXI que tantas horas nos entretuvo. Se trata de un remake muy invasivo en los gráficos originales pero que deja intacto el gameplay, tanto en los aspectos más positivos como en los negativos.

Aun así, la jugabilidad no ha envejecido en absoluto, y aunque a veces se siente algo tosco (sobre todo, si lo comparamos con otros del género, pero más actuales), fluye con naturalidad.

Es imposible no añorar el pasado recordándonos todos los lugares que en el pasado recorrimos y que nos ofrece el juego actual. Tristán tiene un diseño que quita el habla y sus principales localizaciones han ganado mucho en esta nueva edición. El mejor ejemplo es el Campamento de las Arpías, ahora más lóbrego y ruin que nunca, con la capacidad de generar esa atmósfera tenebrosa en la que cada paso que das podría sentirse como el último. Y en las mazmorras, el efecto de oscuridad es espectacular: ahora sí que necesitaremos objetos que aumenten nuestra ratio de luz si queremos avanzar sin ir a ciegas.

Donde más brilla esa actualización gráfica del juego son en las cinemáticas: en cada acto (como en el original, son 5 en total) hay escenas explicando el lore de la historia y que destacan por ser absolutamente fotorrealistas.


Enemigos, jefes finales y héroes son todos los mismos, pero el cambio de su animación y las texturas hacen que se sientan algo totalmente diferente. Hay detalles muy cuidados, como que al entrar a una mazmorra y espantar a los murciélagos nuestros personajes se queden mirándolos o una mayor claridad en las superficies de los entornos. Además, el minimapa no es molesto ni invasivo, ya que ahora es transparente.

Gameplay

En cuanto al gameplay, poco o nada ha cambiado respecto a sus predecesores: ligeras modificaciones como la recogida de oro automática sin tener que presionar un botón, comprar objetos del inventario o la existencia de un cofre del tesoro en el que se comparten todos los objetos que se lootean en el multijugador.

Personajes

En cuanto a los personajes, mantiene esa complejidad que nos obliga a estudiar todo el árbol de habilidades para saber qué le conviene más en función de nuestro estilo de juego, qué estadísticas nos conviene más potenciar o no y qué magia es mejor guardarse para enemigos más potentes. Durante la beta, solo estaban disponibles 5 clases, pero en esencia eran prácticamente lo mismo, salvo reajustes en algunos ataques.

Jugar con mando

Una de las grandes novedades es la posibilidad de jugar con mando en lugar de con el clásico teclado y ratón y que, aunque es complicado acostumbrarse al principio, acaba siendo comodísimo y más funcional de lo que podría parecer en un principio.

Modo Legacy de Diablo II: Resurrected

La experiencia no puede ser más idéntica a la original. La música es prácticamente la misma, con mejoras en su calidad, y el sonido ambiente se ha potenciado para que la inmersión sea mucho mayor.

Incluso para los más puristas, existe una posibilidad de que el juego sea prácticamente idéntico al original: se ha incluido un modo de juego, conocido como Legacy, que nos devuelve prácticamente a los 2000. Todo lo que veremos en pantalla, incluyendo la resolución, la tasa de frames e incluso la fluidez, será la del juego original.

Diablo II: Resurrected es un homenaje al extinto Blizzard North, un premio al hecho de que su trabajo haya contribuido tanto al género y que, incluso dos décadas después, siga reuniendo una comunidad tan fiel. Vicarious Vision, el estudio encargado del remake, ha sabido trasladar al presente una joya del pasado sin enfangar la obra original, como si de restauradores de arte se tratasen.

Borja Díez
Periodista especializado
Colaborador de MAPFRE