4 Min de lectura | El manga de Full Metal Alchemist arrancó en verano de 2001 y dos décadas después sigue siendo un referente con su enternecedora historia de amor fraternal.

“Pase lo que pase seguiremos nuestro viaje hasta recuperar lo que perdimos”. La frase es de Edward Elric, uno de los protagonistas de Full Metal Alchemist junto a su hermano Alphonse. Este verano cumplen 20 años desde que comenzaron la odisea de utilizar la alquimia para devolver a Alphonse el cuerpo que perdió cuando ambos trataron de resucitar a su madre utilizando las técnicas de esta ciencia oscura.

El manga, creación de la mangaka Hiromu Arakawa, comenzó a emitirse en la revista Enix, propiedad de la gigante de los videojuegos Square Enix. Finalizó en junio de 2010 y ha dado vida a dos animes: uno homónimo, que al emitirse a la par que el formato escrito tiene bastantes diferencias en su argumentación, y Full Metal Alchemist: Brotherhood, que es mucho más fiel y empieza justo cuando empezaron a escribirse los capítulos finales del manga.

Si bien es cierto que no cuenta con la misma fama que otros de su género, el shonen, eso no le exime de ser una de las franquicias más conocidas fuera de Japón, ganando multitud de premios como el American Anime Awards en 2007 o en 2004 el Manga Shōgakukan, uno de los más prestigiosos de Japón.

Las razones del éxito de Full Metal Alchemist

El universo narrativo se desenvuelve en un mundo medieval con estética ‘cyberpunk’, algo que encaja bastante con la trama. A pesar de tener un claro y evidente componente de ciencia ficción, los relatos de lo que ocurre en el mundo de Amestris es más real de lo que parece.

Uno de los acontecimientos más importantes, la guerra de Ishval, está profundamente influenciada por los conflictos étnicos y nacionales ocurridos en Oriente tras la II Guerra Mundial. De hecho, los apellidos de varios protagonistas proceden de vehículos de guerra, como Mustang (un bombardero americano) o Grumman (un portaaviones).

Uno de los puntos fuertes de la serie precisamente es que todo se siente muy real. La voluntad de Edward por pelear incansablemente hasta que su hermano recupere su cuerpo, la determinación de Roy Mustang de acabar con el asesino de su compañero, los conflictos internacionales…

Edward Elric y Roy Mustang, sobre una montaña en posición de ataque

Fuente: https://bit.ly/37LpCtJ

El desarrollo de los personajes es exquisito y cabe destacar el papel de las mujeres: a nadie se le escapa que Arakawa dotara a las protagonistas de un rol bastante diferente al del anime tradicional.

Cada tragedia de la serie funciona como una serie de metamorfosis que acaban fortaleciendo a los protagonistas. Los personajes a priori secundarios tienen el mismo carisma que los principales y son una pieza esencial en su crecimiento y madurez: son las heridas de cada uno de ellos el motor que los hace desarrollarse para enfrentarse a las adversidades. Y a pesar de ser ciudadanos con cualidades sobrehumanas, le siguen asolando los mismos males y miedos que el resto de los ciudadanos de a pie: el miedo a no llegar, el peso de la responsabilidad, las necesidades emocionales…

El manga es muy directo: apenas se desarrollan tramas alternativas. La temática es seria, tocando temas políticos, filosóficos e incluso existenciales, pero eso no quita que el argumento esté plagado de situaciones irónicas y retorcidamente cómicas.

Las batallas son espectaculares: no solo gracias a la excelente calidad del dibujo (en el anime gana una barbaridad), sino por el diferente estilo de combate de cada personaje y la variedad de situaciones que se dan en ellas.

Dos animes, dos argumentos diferentes

La excelente acogida de Full Metal Alchemist provocó la atención de los editores de Bones, conocidos por sus adaptaciones de Soul Eater, My Hero Academia o Mob Psycho 100. En 2003 comenzaron a realizar la serie de animación, aunque por motivos evidentes superaron el argumento del manga y tuvieron que realizar un camino en solitario. Ya en 2009, el mismo estudio de animación trabajó en un reboot mucho más fiel al argumento original.

La naturaleza de ambas series también es diferente. La primera es mucho más seria y oscura, con personajes nuevos y un villano totalmente inventado, mientras que la fiel a la original cuenta con más momentos de humor y un elenco de personajes mayor. Al ser más antigua, la primera tenía una calidad de animación peor, aunque para la época era bastante buena. La banda sonora de ambas es excelsa y contribuyen notablemente a mejorar su calidad.

El final es completamente diferente. Sin entrar a dar demasiados detalles, el de 2003 tiene un final un tanto más amargo que el de 2009.

Sea como fuere, ambas son creaciones excelentes dignas de ver, tanto que llevó a Hiromu Arakawa a convertirse en una de las artistas más importantes de la época y una referencia para todas las mujeres del sector.

Periodista especializado

Colaborador de MAPFRE