4 Min de lectura | Evangelion pone fin a una etapa de más de un cuarto de siglo con una serie de culto íntima y cautivadora y un reboot que se ha prolongado más de la cuenta.

Evangelion es, indudablemente, una de las series de animación más importantes del siglo XX. Del género mecha que tan popular era en aquel momento, 25 años después de su estreno, su eco todavía perdura. Su difícil comprensión y su trama un tanto enrevesada la han convertido en una serie de culto de la que muchos hablan, pero no todos comprenden.

La combinación de una distopía futurista con elementos de diferentes culturas religiosas así como el planteamiento de la importancia de la autocomprensión fueron la respuesta de su principal autor, Hideaki Anno, a 4 duros años de depresión.

A esto, habría que unirle la falta de presupuesto que acabó con un cierre de la serie que, si bien es ciertamente ininteligible, una vez se entiende acaba siendo catártico. Porque lejos de ser una serie vistosa y plagada de acción, el verdadero impacto de Neon Genesis Evangelion estaba en la evolución de sus personajes, en el hecho de empatizar con sus historias y aprender de ellos. De la serie se salía más fuerte, más comprensivo, más sensible.

Después del éxito del anime, Anno se vio en la obligación de revitalizar la saga. Depresión, soledad, búsqueda del sentido de la vida, externalización de nuestras necesidades en los demás… todo lo que abarcaba la serie seguía de actualidad, pero el foco no estaba en esto, sino en la estética de la serie, en lo espectacular, en el continente más que en el contenido, lo que obligó al autor japonés a mover ficha.

Las películas de Evangelion, algo más que un simple reboot

En 2007 se resucitaba Neon Genesis Evangelion, el mítico anime, y se convertiría en una tetralogía de películas que modificarían sustancialmente su argumento (que no su mensaje). En dicho proceso participarían prácticamente los mismos que en el anterior, con la única salvedad de que ahora contaban con un público ya asentado que la apoyaría y la seguridad de que tendrían presupuesto para acabarla. Aparentemente, estas películas funcionarían como un reinicio de la saga, ahora con tecnologías más modernas que mejorarían su animación.

Pero eso, es solo la superficie. El mensaje es el mismo, pero más acentuado si cabe: Anno, decepcionado por la forma en la que la gente asimiló su creación, decidió que era necesario darle una vuelta de tuerca.

Quiso hacer una obra que hiciera más feliz a la gente, que remarcara la importancia de no solo cuidar a la gente de nuestro alrededor, sino también a nosotros mismos; que casi todos en algún momento de nuestra vida habríamos de superar problemas mentales que nos sacarán de nuestra conciencia y nos separarán del mundo, pero que no había nada de lo que avergonzarse.

Si Neon Genesis Evangelion nació con la esperanza de convertirse en una vacuna contra la depresión y sus derivados —su creador solía hacer analogías con que era una pequeña dosis de veneno para curar la enfermedad—, la tetralogía de películas lo hizo motivada por el deseo del autor de volver a incidir en el objeto central del mensaje: Anno se derrumbó al ver que su contribución para derrotar al individualismo y al desapego contra la humanidad se había convertido en otra mercancía, en un objeto de consumo.

Los cambios de personajes (no solo de nombre, también de personalidad), algunos escenarios, el argumento y los diálogos —Kaworu le dice a Shinji que se alegra de “volverle a ver”— hacen que sospechemos si se trata de un reinicio de la saga o más bien todo ocurre en un universo paralelo.

Lo que Anno quería decirnos en Evangelion

El mensaje del director de Evangelion es, de la manera más sucinta y clara posible, que evitemos escapar de nuestros problemas. Que los enfrentemos, que no nos dejemos alienar por nada en nuestra vida que nos aletargue, ya se trate de una persona, una serie de televisión o algún tipo de droga. La única solución para salir de esa inconsciencia de la realidad es afrontándola. Y si esto quedó bastante claro en Neon Genesis Evangelion, en el Rebuild de las películas se dirige a nosotros de forma aún más evidente.

Una de las voces cantantes en esta denuncia es la de Kaworu Nagisa, que en varios diálogos denuncia la falsedad del mundo en el que vivimos. De su relación con Shinji es donde encontramos las posibles soluciones ante todo: el amor. No necesariamente el amor romántico, sino el amor en su sentido más genérico. Porque si por algo destaca este emblemático personaje es por ser casi el único que es capaz de empatizar, comprender y ponerse en el lugar del protagonista.

Hideaki Anno quería que su obra se convirtiera en un ejemplo de los principios que deberían seguirse para acabar con el egoísmo y la corrupción de una sociedad que sufría una crisis económica y de valores. Y ver que su creación había generado un mayor impacto en merchandising, convenciones de anime y karaokes que en un debate acerca de la condición humana actual le había desquiciado.

Todo ello, le motivó a crear el Rebuild, cuya acción es más caótica, el argumento más frenético y los mensajes, más acentuados. Todo terminará en Evangelion: 3.0+1.0 Thrice Upon a Time, la última estela de una saga introspectiva y casi indescifrable pero cuya idea sigue siendo totalmente actual y muy útil para aquellos que se sienten ajenos a la experiencia humana, un refugio en el que no estás solo, en el que puedes desahogarte y salir más fuerte.

Periodista especializado
Colaborador de MAPFRE