4 Min de lectura | Ataque a los Titanes sabe jugar a la perfección con la incertidumbre y el desarrollo personal: quien hoy es un héroe, mañana puede convertirse en un villano.

Harvey Dent, el hombre detrás del villano de Batman Dos Caras, dejó en la magnífica película de Nolan El Caballero Oscuro una de las citas más reproducidas del cine de superhéroes: “o mueres como un héroe, o vives lo suficiente para convertirte en un villano”. La sentencia, que podría aplicarse a casi cualquier ámbito de la vida, casa muy bien con la idea general de Ataque a los Titanes (Shingeki no Kyojin en japonés), la excelente obra de Hajime Isayama cuyo desenlace le llegó al manga a mediados de 2021 y apenas le queda más de un año para el anime.

Al principio, parecía que la línea que definía quiénes eran los enemigos y quién los buenos era bastante gruesa y la división era evidente: los titanes son malos y los ciudadanos, buenos. Pero conforme esta se desarrollaba, la definición se complicaba cada vez más. La tragedia del comienzo sirvió para tejer la hoja de ruta emocional que serviría de motivación para la acción del héroe protagonista.

El primer contacto real con los villanos fue un auténtico golpe de efecto: quienes enfrentaban los protagonistas no eran personas muy diferentes a ellos, algo que trastornó aún más a Eren Jaeger, un héroe que desde bien pronto se mostró como inmaduro, temperamental y demasiado cargado de odio pero a quien se le podía confiar el destino de la humanidad si se le rodeaba de las personas adecuadas.

El perfil psicológico de Eren Jaeger

La vida de Eren ha estado marcada por la tragedia. Desde la primera temporada hasta la última, ha tenido que soportar la pérdida de seres queridos en circunstancias, la mayoría de ellas, verdaderamente funestas: el rescate de Mikasa y asesinato de sus secuestradores cuando era un niño, el ataque a Shiganshina que acabó con la muerte de su madre, la invasión de los titanes, la traición en su grupo de amigos, el descubrimiento del secreto de su padre…

La determinación de Eren va en aumento cada vez que se ve expuesto a una situación trágica, hasta el punto de erigirse a sí mismo como el héroe de los eldianos, una raza esclavizada por el imperio de Marley con una referencia evidente al Holocausto: los ciudadanos de Eldia que residen allí, son obligados a llevar un brazalete.

Desde que se revelara su verdadera naturaleza de titán cambiante, tanto sus compañeros del Cuerpo de Exploración como parte de las autoridades lo protegieron como un diamante en bruto, como la herramienta para salir de su esclavitud. Pero, ¿estaba preparado para ello un niño cuya rabia le impedía ver con claridad lo que tenía ante sus ojos?

La desesperación de Eren tras cada desgracia no hizo más que aumentar su osadía y decisión: cueste lo que cueste, liberaría a su pueblo del yugo y lo emanciparía. Lo que lo conocían, sabían que su humanidad y moralidad lo convertían en el mejor candidato a ello, pero nadie está libre de que los acontecimientos lo marquen y cambien su perspectiva.

De héroe a villano… ¿y viceversa?

Son los sucesos de la cuarta temporada los que nos ponen en aviso de la metamorfosis del protagonista, hasta el punto de que, por muy noble que sea su meta, los medios utilizados para llegar a ella son cuestionables. Eren abraza la praxis maquiavélica para liberar a su pueblo.

El protagonista decide empezar a trabajar por su cuenta y los episodios de locura (es reseñable el brote psicótico que sufre tras la muerte de una vieja compañera) son cada vez mayores, en parte debido a la naturaleza de los titanes cambiantes de poder pasar su memoria de unos a otros. Cada vez confía menos en sus compañeros y se abraza a soluciones sin el consenso de los que le han llevado a estar ahí.

El punto de ruptura llega tras obligar al Cuerpo de Exploración a asumir su estrategia, obligándose a colarse en Marley y forzando a sus compañeros a seguirle si no quieren perder su poder. Para colmo, utiliza los mismos métodos que usaron a los que prometió combatir.

Después, llega la ruptura total, hasta el punto de que provoca un golpe de Estado entre sus filas y desafía a los mismísimos Armin y Mikasa, sus mejores amigos.

La desolación se siembra en Eldia: ya no solo tienen un enemigo externo que amenaza con invadirlo, sino que ahora han de enfrentarse en una nueva guerra civil provocada por el héroe que inspiró la revuelta para acabar con las desigualdades sociales y con la liberación de sus hermanos de Marley.

Eren Jaegar parece encajar con esa magnífica frase de Dos Caras: su papel como héroe ha mutado en villano, aunque si por algo se caracteriza Shingeki no Kyojin es por sus constantes giros de guion, por lo que todavía es demasiado pronto para asumir que el final del protagonista es ser un villano. En caso de conseguir

Con el final de la serie aproximándose y siendo difícil atisbar qué caminos tomará, lo cierto es que este anime plantea un debate serio acerca de lo que implica ser un héroe, de la ética y la falsa dicotomía entre buenos y malos y cuáles son los límites de actuación en pos de la libertad.

Periodista especializado
Colaborador de MAPFRE