Ene8

Nadie fue tan corrupto como Harvey Keitel

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Este fin de semana tenemos cuatro opciones cinematográficas: indignarnos con la docu-denuncia capitalista de Michael Moore, tomarle el pulso a la última producción de los hermanos Coen, comprobar cómo se las apaña Werner Herzog para adaptar ‘Teniente corrupto’, o, como cuarta opción, acercarte al videoclub para alquilar su versión primigenia. Nauseabunda y extraordinaria, la obra de Abel Ferrara es ya un clásico inolvidable. Entra y recuerda con nosotros esta joya del cine…

Anda, Nicholas Cage, intenta imitar esta interpretación...

Imposible imaginar a Nicholas Cage igualando esta interpretación

Una película degenerada. Viciosa. Peligrosa. Excesiva. La cinta de Abel Ferrara en 1992 sufrió inevitablemente los efectos de la censura. En la puritana Estados Unidos sólo podía ser alquilada en el Blockbuster una versión con cinco minutos menos de metraje; en el Reino Unido, el Comité de Calificación de las islas obligó a recortar noventa segundos en la escena donde Harvey Keitel (el teniente) y la prostituta Zoe (interpretada por Zoe Lund,  coguionista de la cinta junto a Paul Calderon) se drogan hasta reventar… y el personaje de Keitel acaba bailando en pelotas -una secuencia que bien podría haber anticipado Keitel en Apocalypse Now, si Francis Ford Coppola no hubiese preferido finalmente a Martin Sheen para encarnar al capitán Willard.

Finalmente fue Keitel, y no Christopher Walken -el actor inicialmente propuesto para el papel- quien se hizo cargo de un personaje desagradable y furioso. Una figura tan inolvidable y nauseabunda como lo fuese el Travis Bickle de ‘Taxi Driver’. Colgado de la heroína, del juego, del dinero y de las deudas, el protagonista de ‘Teniente Corrupto’ representa el pozo más profundo al que puede caer un ser humano. Carente de afección por nadie, pese a su vida familiar con esposa y tres hijos, echa mano de prostitutas para sentir el calor de la humanidad. Y desengañado con ésta, explota su poder placa en mano para abusar de quien se le pone enfrente.

Pero la historia de ‘Teniente Corrupto’, en el fondo, no deja de ser un cuento de caída y redención. El encargo de investigar la violación de una monja y la negativa de ésta a denunciar a sus asaltantes, le sirve a Ferrara para dibujar el regreso del ‘pecador’ a la espiritualidad y la búsqueda del perdón a sus errores. En este sentido, la cinta es un canto al catolicismo, una semilla que el director neoyorkino nacido en el Bronx recibió de su educación y ascendente italo-irlandés. La famosa escena en la Iglesia, donde Keitel pasa de insultar a Jesucristo (“Rat fuck!“), a dudar de su existencia (“Where where you?“) y finalmente a pedir su absolución (“I’m sorry!“), es la simplificación de cualquier manual de teología católica, cuya moraleja última incide en que hasta el ser más corrupto… puede conseguir el perdón.

Imagen de previsualización de YouTube

En la versión de Werner Herzog (ver trailer), Nicholas Cage no conduce por las calles de Nueva York, sino en un Nueva Orleans post-Katrina donde investiga la masacre de una familia de africanos. El realizador alemán, como bien dice Jordi Costa en su crítica para El País, “tergiversa brutalmente el sentido del original, consiguiendo una obra igualmente desafiante, pero quizás más transgresora y, sin duda, malintencionada que su modelo“. La duda es saber si esta segunda versión, aun siendo recomendable, era realmente necesaria.

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