Dic16

Avatar, una epopeya lisérgica

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La nominación de ‘Avatar’, ayer martes, a cinco Globos de Oro incluyendo las categorías de mejor película, mejor guión y mejor director (James Cameron), es una constatación de la expectación con la que se recibe el nuevo proyecto del director canadiense. Se estrena este viernes sólo en salas 3-D, un requisito que el propio Cameron impuso para su estreno. Con viajes al espacio, guerreros azulados y animales prehistóricos, la cinta que muchos consideran la mejor de 2009 deambula entre la epopeya futurista y un ‘tripi’ mal digerido…

Avatar, el nuevo estado de las cosas cinematográficas

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Ha tardado Cameron en parir esta criatura de 342 kilos de presupuesto. El director de ‘Titanic’ la ha tratado con pausa, con dulzura, con los merecimientos de una obra que “cambiará la historia de ver cine“, según aseguraba el propio Cameron. Así que empezó a escribirla hace diez años; al principio fue una idea, 80 páginas dedicadas a un mundo de seres con forma humana, pero con un comportamiento distinto al humano en su relación con el entorno. Después se convirtió en una novela de casi 300 páginas. Y de ahí, a la pantalla, un proceso de tira y afloja (la pasta) con los productores, a los que Cameron pedía más compromiso para llevar al cine la película más cara de la historia… y la epopeya que tenía en la cabeza.

Y lo que tenía en cabeza era una luna llamada Pandora, satélite de un planeta recién descubierto, a donde va a parar un ex marine llamado Jake Sully (Sam Worthington) quien busca, primero, salir de su estado de paraplejia a través de un programa genético-virtual denominado Avatar; y segundo, una vez integrado como un ser de la especie Na’vi en esta nueva jungla de seres ‘apitufados’, poner fin a un enfrentamiento entre bestias, na’vis y humanos por el futuro del Universo.

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“Es una película en 3D que la gente volverá a ver dentro de años para comentar cómo transformó el cine”, ha dicho el tabloide inglés The Sun. Quizás no llegue a tanto. Cierto es que se trata de una historia original, con un mensaje entre el pacifismo, la integración y la ecología, pero lo que transformará el cine no será quizás tanto la historia, sino la forma de hacer cine. La producción en 3-D ha roto los bolsillos de los productores, confiados en que la técnica impecable de la cinta atraiga espectadores por sí misma. Y es que el detallismo es sorprendente. La luz, los colores, la penetración de las escenas de acción, la plasmación en pantalla de uno personajes que son mitad animados y mitad reales, gracias a una ténica de rodaje que permitía moldear el formato na’vi sobre los actores a medida que actuaban…

Cameron quería que su afición por la animación y el cómic se convirtiese en una epopeya à-la-Cecil B. De Mille. En ese aspecto, ha triunfado. Y aunque su epopeya se haya convertido más en un viaje alucinógeno al futuro, es una película de las imprescindibles, de 162 minutos de coca cola y palomitas, de mucho entretenimiento… y de mucha satisfacción por haber pagado casi una decena de euros por ella. Dinero bien pagado.

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Comentarios

  1. alfredo comentó hace 8 años

    Tiene muy buena pinta¡¡¡

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