Todos tenemos fobias: éstas son las más comunes

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Todos tenemos fobias: éstas son las más comunes

A los gatos o perros, a ser alcanzados por un rayo o a la sangre. Existen más de 250 fobias para casi todos los objetos y situaciones, pero estas son las más frecuentes. Todos hemos vivido alguna vez una situación […]

A los gatos o perros, a ser alcanzados por un rayo o a la sangre. Existen más de 250 fobias para casi todos los objetos y situaciones, pero estas son las más frecuentes.

Todos hemos vivido alguna vez una situación de miedo o pánico que se ha traducido en una vivencia desagradable. Algunas veces, no es más que una respuesta automática y natural ante un hecho determinado; pero otras, es una forma poco saludable de reaccionar a ciertos temores infundados.

Cuando hablamos de fobia, no hablamos de un simple miedo. Para que se produzca, se tienen que dar las siguientes características:

  • Es un miedo desproporcionado.
  • No tiene explicación lógica.
  • No dependen de la voluntad del que la padece.
  • Limitan la capacidad de realizar determinadas acciones cotidianas.
  • La única salida que encuentra el afectado es evitar aquello que le provoca la fobia.

Las fobias más comunes
A las alturas, a las serpientes, al dinero, a los insectos, a dormir… Su enumeración podría llevarnos horas, ya que en la actualidad, existen más de 250 fobias identificadas. En total, un tres por ciento de la población mundial padece al menos una, aunque muchas personas sufren de ellas sin saberlo. ¿Quieres saber cuáles son las más comunes?

  • Aracnofobia: el temor, asco o terror hacia las arañas, incluso sólo con imaginarlas, es la más común, pues el 33 por ciento de los casos de fobias son hacia estos pequeños arácnidos.
  • Herpetofobia: es el miedo hacia los reptiles y anfibios, aunque lo habitual es que sea hacia las serpientes (ofidiofobia). En estos casos, la presencia de uno de estos animales, aunque sea de juguete, puede generar estados críticos de ansiedad.
  • Astrafobia: también conocida como astrapofobia, brontofobia, ceraunofobia o tonitrofobia, es el miedo irracional que tienen ciertas personas a ser alcanzadas por un rayo. Es muy frecuente en los niños, y tiene un 21 por ciento de incidencia en el mundo.
  • Claustrofobia: es el temor obsesivo a los espacios cerrados, como el ascensor, una sala de cine, el metro, las puertas giratorias, etc. Si además el recinto es pequeño o está mal iluminado, los síntomas se acrecientan. Este temor se confunde en ocasiones con la cleitrofobia, que es el miedo a quedarse encerrado en un sitio.
  • Tripanofobia: es un miedo patológico a procedimientos médicos con inyecciones o agujas hipodérmicas. Basta con ver una aguja larga y afilada para desencadenar un cuadro de ansiedad bastante importante.
  • Dentofobia: el miedo al dentista es más común de lo que se puede imaginar, y no afecta únicamente a niños. Muchos adultos evitan la visita al dentista para no tener que enfrentarse a esta fobia. Normalmente está desencadenada por una mala experiencia en el pasado.
  • Aerofobia: el miedo irracional a viajar en avión es una de las fobias más frecuentes. Y no se trata de una ligera inquietud, como presenta el 95 por ciento de los viajeros aéreos, sino que va más allá, impidiendo al afectado, incluso, planificar o imaginar un viaje de estas características.
  • Acrofobia: Es el vértigo elevado a su máximo nivel. El terror a las alturas es una de las fobias que más se repiten e impide a los que la sufren asomarse a un balcón aunque no conlleve ningún peligro.
  • Cinofobia: otra de las fobias que tiene su origen en una vivencia traumática del pasado es el miedo enfermizo hacia los perros. Y da igual si se trata de adorables cachorros o de razas catalogadas como peligrosas. El temor abarca todas las edades y tipologías del mejor amigo del hombre.
  • Agorafobia: los espacios abiertos con grandes aglomeraciones de gente producen un terror inexplicable en un gran porcentaje de la población. Pero el miedo no es por la gente en sí. Lo que sienten es una angustia incontrolable a no ser encontrados en medio del tumulto en caso de precisar ayuda.
  • Sociofobia: esta, en cambio, si es una fobia a la gente, concretamente a ser juzgado de forma negativa. Se suele dar mayoritariamente en adolescentes, y tiene la misma incidencia en hombres que en mujeres.
  • Emetofobia: no es que produzca asco, es que causa un temor exacerbado ver el vómito, imaginarlo, presenciar cómo alguien vomita o que sea uno mismo el que lo haga. Estas personas pueden llegar a rehusar comer en restaurantes por si algún alimento que le sirvan le sienta mal a su estómago.
  • Glosofobia: Para muchos, el hecho de hablar en público les genera tal grado de ansiedad que no pueden enfrentarse a la situación. Es tan común que gran parte de los libros de autoayuda van dirigidos a cómo hablar en público.
  • Hemofobia: el miedo irracional a la sangre se puede desencadenar incluso antes de que brote. El sólo hecho de anticiparse a lo que puede ocurrir tras clavarse un objeto punzante, hace que estas personas puedan desmayarse.
  • Belonefobia: siguiendo la línea de la anterior, esta fobia causa un miedo extremo cuando la persona observa cualquier tipo de objeto punzante, apilado o puntiagudo.
  • Ailurofobia: en este caso, son los gatos los que causan en los afectados cuadros de hipersudoración, dificultades para respirar e incluso un ataque de pánico.
  • Carcinofobia: es una variante de la hipocondría, pero en este caso el temor está focalizado a la posibilidad de padecer cáncer sin un motivo justificado.
  • Necrofobia: se trata del temor exacerbado hacia la muerte y todo lo que tenga que ver con ella. Cuando el miedo es hacia la propia muerte, hablamos entonces de tanatofobia. La tapefobia, por su parte, es el pánico ante la idea persistente de ser enterrado vivo.

Existen fobias casi para cualquier objeto y situación, pero todas ellas tienen un denominador común: afectan a la vida cotidiana del que las padece llegando a causarle graves problemas o incapacidades. En estos casos, la mejor solución es buscar ayuda. El Seguro de MAPFRE Salud ofrece las mejores opciones para contactar con psicólogos clínicos o psiquiatras especializados en la materia.

17 noviembre, 2017|

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