Ene15

Suertes del destino: Sundiata Gaines

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En el baloncesto hay historias que son dignas de una película. Y ya que esta tiene un final feliz, voy a comenzar por contaros el final. Partido de la NBA en Salt Lake City, juegan los gran Cleveland Cavaliers (líderes de la Conferencia Este) comandados por LeBron James, quizá la última joven estrella que lidera un equipo de la NBA.

Sundiata Gaines es abrazado por sus compañeros (NBA.com)

Sundiata Gaines es abrazado por sus compañeros (NBA.com)

En el otro lado de la cancha están, lógicamente, los Jazz que juegan en su estadio. El partido está igualado, el público anima a los suyos pero de repente la estrella de LeBron James comienza a brillar al final. Hace 12 puntos en los últimos tres minutos y el partido está casi ganado para los visitantes. De repente, el local Kyle Korver mete una milagrosa canasta desde detrás del tablero.

Utah 94-Cleveland 96 y 5,6 segundos para el final del partido. Saque de banda de Utah y balón rápido para Ronnie Price, que busca por dos veces entrar a canasta o provocar un pase más fácil para el tiro, pero no lo consigue ante la buena defensa de los Cavs. Desesperado y faltando sólo dos segundos, se da la vuelta y a su espalda, pegado a la derecha de la línea de tres, está un tal Sundiata Gaines, un novato de 23 años que acaba de entrar en el equipo y que en sus 4 partidos sólo ha anotado 3 puntos. Frente a Gaines está Anthony Parker, todo un experto en estos lances.

El público del Energy Solutions mira con expectación la jugada, conteniendo la respiración. Pero Sundiata no se lo piensa, se eleva tanto como puede y lanza bien. Incluso cae hacia atrás al soltar lo que llevaba en las manos y se queda en el suelo. El balón logra superar a Parker, que no esperaba un tiro tan rápido tras el pase, y vuela hacia el aro con 0,5 segundos. Buff.. Justo cuando acaba el tiempo, ¡el balón entra! La luz roja se encendió después. Sundiata lo celebra desde el parqué.

El estadio estalla de júbilo, ¡han ganado! Todo el equipo se va corriendo hacia Sundiata. La afición ensordece hasta a los periodistas. El nombre de Sundiata Gaines, que hasta un día antes nadie de la NBA había pronunciado en público, llega hasta las redacciones de todo el mundo. Un final perfecto para una historia de un chaval que sueña con jugar en la NBA, que está llena de baches desde que era prácticamente un niño, pero que todo parece haber cambiado de un día para otro.

Con cuatro años ya tuvo buena suerte. O mala según se mire. Era niño y recibió un disparo de bala, por accidente, que le rozó el cuello y le dejó una buena cicatriz. Ese balazo le tiró al suelo y el suceso parecía inexplicable. El arma cayó de un maletín en una tienda de fotocopias y con el golpe la pistola se disparó por casualidad. Era el arma de un policía de Nueva York que no estaba de servicio y si la trayectoria de la bala hubiera sido diferente, Sundiata habría muerto.

El padre de Sundiata cree en los milagros: “Cuando lo veo jugar, pienso que la razón por la que la bala no lo mató fue para que pudiéramos ver el talento que tiene. Me di cuenta cuando tenía 10 años”, ha declarado.

Sundiata fue creciendo en Nueva York y convirtiéndose en uno de los mejores bases jóvenes de la ciudad. Siempre ha tenido mucha confianza en sí mismo y ahora el destino le ha abierto un gran panorama. Un jugador con buena estrella.

Os dejo el vídeo de la jugada y la entrevista posterior que le hacen a Sundiata.

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