Jun20

Esto es Wimbledon y no queremos ‘vuvuzelas’

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La organización del torneo de Wimbledon es tajante a la hora del respeto al tenista y al público en general. No quiere ruidos que entorpezcan a sus deportistas y ha avisado en su página web que ningún espectador será “admitido” si lleva ‘vuvuzelas’, esas trompetillas que suenan tanto y que estamos viendo en el Mundial de Sudáfrica. Vamos, que están en la misma categoría que las bocinas y otros utensilios que sí se ven en el fútbol. Es curioso que hayan sacado una nota de prensa avisando de ello y donde habla incluso el director del All England Club, pero no para Wimbledon.

La bolsa del sorteo también tiene muchos años (Wimbledon.org)

La bolsa del sorteo también tiene muchos años (Wimbledon.org)

El grand slam londinense es uno de los torneos que llevan a rajatabla sus normas y están orgullosos de que así sea. Es un torneo donde se guarda la tradición, como el vestuario blanco, del tenis y que hace gala de una cortesía muy británica, como cuando los jueces de silla se dirigen a las tenista como ‘señora’ o ‘señorita’. A los hombres, por su apellido.

Más para el público que esté en las gradas, sacado de las recomendaciones de su web que NO se deben hacer: dejar su asiento durante un set y menos durante un tie-break, aplaudir una doble falta o un punto que toca la red, usar flashes, llevar niños en los brazos, fumar o traer comidas con un olor fuerte. Es decir, nada que pueda molestar al prójimo.

No es para menos que un lugar como Wimbledon fuera tan escrupuloso a la hora de atajar malas formas y también de informar claramente a sus visitantes de ello. Y es que el All England Club está, además, orgulloso de hacer gala de esta cortesía y de su especial liturgia, heredada de hace años. Así es lo ‘british’: devoción por las reglas que, en parte, les hace vivir en un ambiente más antiguo. Pero también es el cuidado y el amor por el juego y el silencio. Se viene a ver tenis.

Es la rígida etiqueta de viejo club británico, la que trajo de cabeza a André Agassi por el color de la ropa y también la que cuida con detalle las petunias y hiedras del club. Cuando uno visita Wimbledon le da la sensación de estar en una clásica casa de campo, donde todo está atendido al 100%. Por eso se pueden comer fresas recién recogidas a un buen precio (el champán ya es otra cosa) y por eso también se guarda fiesta en el torneo al séptimo día, todo un puritanismo. Es la catedral del tenis y en los cuadros del torneo (draws) no pone ‘men’ o ‘women’, sino ‘gentlemen’ (caballeros) y ‘ladies’ (damas).

Ahora, esa esencia centenaria no está reñida con lo actual. El año pasado ya se instaló un techo retráctil para evitar que el habitual cielo gris de Wimbledon se convierta en algo peor, la lluvia. Ya no habrá largos aplazamientos de partidos importantes porque sea un club con muchos años y tradición. También hay pantallas gigantes para que los aficionados disfruten y se informe… Pero cuidado, ya han avisado también que ahí no se retransmitirá ningún partido del Mundial, ningún partido de Inglaterra, pese a que alguno le gustaría. Esto es Wimbledon y aquí se viene al tenis.

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