Oct24

La diferencia entre la ficción y la realidad

Publicado por

FacebookTwitterWhatsAppEmailPinterestGoogle Bookmarks

Venía Nacho Vigalondo chamuscado últimamente en su blog por un concepto de raíz. La diferencia entre hecho y representación. El delito y la recreación del mismo. Que no son lo mismo, vaya. Y todo, a raíz de una película, ‘A serbian film’, que se pasó en el pasado Festival de Sitges y que en la mesa política de Concha García Campoy en Cuatro calificaron casi (y sin casi) como delictiva. “Por cosas iguales se hace redadas policiales contra la pornografía infantil“, decía un contertulio del programa. Ésta fue la tertulia en cuestión. Dentro, compartimos con vosotros, cinéfilos, nuestra postura al respecto…

Imagen de previsualización de YouTube

Hagamos acopio de declaraciones:

  • “La exhibición de esta película entra en el terreno de la delincuencia”
  • “No hay ninguna diferencia entre esa película y los intercambios entre pederastas que tiene como objeto sexual a niños, recién nacidos, etc”
  • “Contenidos como estos son perseguidos por la policía y la Guardia Civil en Internet”

Bien. Empecemos por lo más sencillo. La presentadora Concha García Campoy defiende que no es pacata, argumentando haber defendido el estreno en 1975 de ‘Saló o los 120 días de Sodoma’, de Pier Paolo Pasolini. Quizás no se acuerda bien. Pero esa película, aparte de revolver el estómago con escenas de coprofilia, incluía escenas de violación, tortura y asesinato… que también son un delito 40 años después. Primera incongruencia. No puedes defender lo mismo que luego atacas en otro flanco.

Siguiente. Los miembros de la tertulia, en un ejercicio de miopía galopante -sólo explicable por el jaleo de periodismo declarativo que soportan a diario- son capaces de igualar el delito a su representación gráfica. Comparan la violación de niños y el intercambio de archivos de menores (que REALMENTE han sido explotados sexualmente)… con la representación de esos horribles delitos. ¿No está clara la diferencia? Lo primero es delito. Lo segundo, mal gusto estético que queda a criterio del calificador y del programador que decide exhibir la cinta.

Y por supuesto que ‘A serbian film’ es un ejercicio de mal gusto. A nadie le agrada ver en pantalla a un niño (actuando) como si estuviera siendo sodomizado, como se representa en la película del director Srdan Spasojevic. Pero tampoco gustaba ver a una mujer (actuando) siendo empalada en ‘Holocausto Canibal’. Los estómagos también se revolvían cada vez que (actuando) se diseccionaba a una persona ‘La matanza de Texas’. Y pasábamos mucho miedo cuando el profesor de la Complu secuestraba (actuando) a chicas para mutilarlas frente a la cámara en ‘Tesis’. O cuando Monica Bellucci era violada (actuando) y su novio Vincent Cassel (también actuando) destrozaba la cabeza al violador a golpe de extintor en ‘Irreversible’.

No son estos contenidos los que son perseguidos en la red, señores tertulianos de Cuatro. Son los delitos que representan, los que son perseguidos. Se detiene al profesor de autoescuela que se descarga archivos. Al oficinista que viola a su vecina de 10 años. Al periodista que se pasa el día viendo porno pre-teen en su tiempo libre. A Spasojevic, sin embargo, nunca le meterán en prisión por violar a una recién nacido, simplemente, porque no ha cometido ese delito. Tampoco a Alejandro Amenábar le meterán en prisión por rodar snuff movies. No las hizo. A Ruggero Deodato tampoco le enviarán a la trena por insertar un mástil de arriba a abajo a una indígena del Amazonas. Gaspar Noe nunca afrontó cargos por violación y asesinato. Y que sepamos, Tobe Hopper tampoco ingresó nunca en chirona porque, no señores, la motosierra de Leatherface nunca existió…

Y para finalizar, porque este post se está alargando demasiado, ¿cómo se atreven a preguntarle a Ángel Sala, el director del Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges, que por qué ha seleccionado esta película para su certamen? El mismo título del evento debe darles la respuesta, ¿no? Cine fantástico. Cine de terror. Cine gore. ¿Se entiende? Festival de cine fantástico y de terror. Por supuesto que Sala no la vería otra vez. Es una película fuerte. Pero en Generación Young, por ejemplo, también se nos revuelven las tripas cuando vemos salir a un alien del estómago de un tipo en la nave Nostromo. O viendo a Divine comiendo heces de perro en ‘Pink Flamingos’, de John Waters. Un asquito las dos escenas. ¿Las prohibimos por desagradables? ¿O dejamos que sea el espectador quien decida si quiere o no verlas?

Ya existen normas de exhibición, calificaciones de comités, que deciden el público al que debe ser dirigido un material de ficción. No lo convirtamos en delito, por favor. El delincuente es otro. Ni el cineasta que cuenta el delito. Ni el escritor que lo narra. Ni el pintor que lo ilustra. Y por supuesto, tampoco la vecina que se lo chiva con todo lujo de detalles a la panadera del barrio.

Ahora es vuestro turno para opinar…

[poll id=”75″]

La diferencia entre la ficción y la realidad was last modified: octubre 24th, 2010 by generaciónYOUNG

Si quieres comentar el post o recibir asesoramiento de MAPFRE pincha sobre la casilla correspondiente.

Deja un comentario

Todos los campos son obligatorios

Conectar con Facebook

Desde este canal nos comprometemos a no publicar nada de su nombre

TE RECOMENDAMOSx