Azerbaiyán se corona en Eurovisión con una balada simplona; Lucía Pérez, antepenúltima
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Azerbaiyán se corona en Eurovisión con una balada simplona; Lucía Pérez, antepenúltima
Se acabó Eurovisión, finalizó, un año más, el cuento. Hasta que el sistema de votación no sea transparente y se rija por medidas cualitativas, la sombra de la estafa seguirá planeando sobre un festival que ha ganado en espectacularidad pero ha perdido los valores y respeto que lo hicieran diferente. No lo decimos por la pobrísima posición obtenida por Lucía Pérez, nuestra representante, que también, sino por la empalagosa balada ganadora, el “amiguismo” entre países vecinos y algunas nefastas actuaciones que evidencianla escasa calidad del certamen.

Ell & Nikki, dúo ganador de la 56 edición del Festival de Eurovisión con la canción 'Running Scared' (Fuente: Eurovision)
A quejarse tocan, y con razón. No es que seamos nosotros de los catalogados “eurofans”, más bien al contrario. Pero son ya demasiadas las injusticias cometidas en un festival que adolece de criterio consistente. El sábado a primera hora de la noche comenzaba el 56º Festival de Eurovisión, en el Esprit Arena de Düsseldorf, Alemania, y poco después finalizar el día, acababa como siempre. Pocas diferencias podemos encontrar entre esta edición y las del último lustro, todas ellas decepcionantes y monótonas. Letras poco consistentes, músicas repetitivas, coreografías de verbena… canciones para el olvido. Nada nuevo, pues, en el festival de la “eurocanción”.
Excepto un sonado regreso: Italia volvía tras 14 años de desinterés por la puerta grande. Raphael Gualazzi y su ‘Madness of love’ se colaron en el segundo escalón del podio con 189 puntos, en la que fue, según muchos, la mejor canción del festival. Pero ahí quedaron las gratas sorpresas y alegrías. El resto sonó igual que siempre, amén de la retransmisión de José María Íñigo en lugar de las visiones de Uribarri.

Lucía Pérez, cantando 'Que me quiten lo bailao' el sábado en el Esprit Arena de Düsseldorf (Fuente: Eurovisión)
Así que era de prever el mal puesto de España, un injustísimo 23º lugar -como en 2009-, que no por la intrascendente letra de ‘Que me quiten lo bailao’ acompañada de una versión más rápida de “los gorilas” de Melody a la coreografía, sino por una sobresaliente actuación en contraposición a muchos de los que quedaron por delante de Lucia Pérez. España recibió la máxima puntuación de Portugal y Francia, 12, y se hizo con pellizcos de Macedonia (4), Eslovaquia (2), Reino Unido (1), Eslovenia (2), Suiza (3), Rumanía (5), Albania (5) y Estonia (4). 50 puntos para una penúltima posición.
Y de prever era también que la victoria se la llevara uno de los países del este apoyados por sus colegas geográficos. Si bien, sorprendentemente extraño fue el triunfo de Azerbaiyán, gracias a los 221 puntos cosechados por la balada ‘Running Scared’ del dúo Ell & Nikki. Su actuación, bastante simplona y con gallo incluido [ver y escuchar abajo], se impuso a Italia y Suecia, tercera, con la canción ‘Popular’ interpretada por Eric Saade.
Y así hasta el año que viene, donde pasará lo mismo si no cambia, que no lo hará, el sistema de votación. A lo mejor, como Italia, lo más acertado sería ‘pasar’ unos años de Eurovisión. Los ‘eurofans’ se curarían en espanto y frustración y el resto, de ver cómo nos estafan y ningunean.
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