CINE
12 Sep/2011

‘El árbol de la vida’: la cinefilia más pura copa el estreno de la semana


¿Qué son cuatro días comparados con una vida entera? Todo y nada. Todo porque a la cercanía del fin de algo tan ansiado siempre va unido al miedo a que la expectativa acumulada acabe convertida en decepción. Y nada porque es el pequeño espacio de tiempo que los cinéfilos españoles tienen que esperar antes de ver este viernes la que posiblemente sea la película más esperada de los últimos tiempos.
 

Cartel de 'El árbol de la vida', de Terrence Malick.

Cartel de 'El árbol de la vida', de Terrence Malick.

  

Cuatro días de alivio y, a la vez, agonía. Así será la semana para aquellos que sienten el cine como arte y no como vulgar entretenimiento. Devotos de una religión cuyo Dios nadie ha visto pero todos admiran. Preparaos, que el 16 de septiembre Terrence Malick bajará a la tierra para mostrarnos, por fin, El árbol de la vida.
 
Claro que para cualquier individuo ajeno a los tejemanejes del mundo cinematográfico esta ceremonia le puede parecer una solemne tontería. ¿No habíamos quedado en que los dueños de Hollywood eran un tal Spielberg, Lucas y compañía? Puede. Si lo tuyo es la palomita y el refresco XXL, sin duda. Pero existen nombres que sobrepasan lo terrenal para convertirse en leyenda. Autores, y no empresarios, que se ganan el favor de los expertos tanto por su filmografía como por su biografía. Y de rarezas en ambas anda Malick sobrado.
 

 
Empecemos por la filmografía: Malas Tierras (1973), Días del Cielo (1978), La Delgada Línea Roja (1998), El Nuevo Mundo (2005), El árbol de la vida (2011) y…. ya. Que un director sólo haya rodado cinco películas en 40 años le hace ganar suficientes puntos como para ser admitido directamente en el Olimpo de los creadores. Pero ahí no acaba la suma, sino que aumenta con detalles como que cada película cuente con una temática distinta, su gusto por los planos oníricos en apariencia interminables, las discusiones acaloradas entre espectadores que cada título despierta… A Malick se le odia o se le ama, pero indiferente desde luego que nunca deja.
 
En lo personal todavía mejora, y aunque los que han trabajado con él aseguran que es un tipo cálido y abierto, la imagen de ermitaño y, por ende, genio, no se la quita nadie. Permanentemente ausente, Malick odia la promoción moderna y la publicidad, y nunca concede entrevistas. Tampoco acude a ruedas de prensa, fiestas ni cualquier evento que esté relacionado con la vida pública. Ni siquiera recogió la Palma de Oro que ganó en el pasado Festival de Cannes donde todos, desde actores como Brad Pitt (también productor) o Jessica Chastain hasta el director de la muestra, Thierry Frémaux, defendieron que la timidez del director no era una pose moderna sino una realidad patológica. En cualquier caso, un hombre hecho leyenda.
 
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Por eso que cada estreno suyo sea tomado como una Epifanía. Y El árbol de la vida, desde luego, lo es. Al fin y al cabo, la película comienza con una cita del libro de Job sobre la creación del mundo para, a través de una narrativa interrumpida marca de la casa, contar la historia de Jack (Sean Penn). Un hombre que reflexiona sobre su lugar en el Cosmos analizando su traumática infancia marcada por un padre violento (Brad Pitt), una madre entregada (Jessica Chastain) y un hermano muerto que le sirven de excusa para preguntarse el por qué de la vida en un discurso filosófico intercalado con imágenes de dinosaurios, cromosomas, volcanes en erupción y colisión de planetas. Ahí es nada. ¿De verdad vas a perdértela?




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